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The will to win

Han pasado unos años desde que Peter Genyn ganó el oro en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro...

Mientras ajusta el engranaje de su silla de ruedas ligera y comprueba, por tercera vez, que la dirección está en su sitio, es difícil no tener la sensación de que, para Peter, el 2016 fue ayer mismo. Es una mañana de primavera y el cielo de Gran Canaria está despejado, un clima cálido que proporciona las condiciones perfectas para el exigente régimen de entrenamiento de Peter.

Peter no está de vacaciones: está trabajando duro en su preparación para los próximos juegos de 2020. El calendario es implacable, pero como atleta de élite y plusmarquista mundial en su categoría, es firme con su objetivo. Entre ejercicios y vueltas a la pista, se muestra relajado y cordial, pero no cabe ninguna duda de que, detrás de su sonrisa, hay una determinación férrea.

«Es una salida», sonríe. «Soy una persona que necesita el deporte. Saca lo mejor de ti. Lo necesito de verdad. Vigilas lo que comes, haces todo lo posible para ser bueno ese día, porque esos 20 segundos son muy importantes. Trabajas para ello durante cuatro años. No quieres meter la pata». 

Peter compite en la categoría T51, la categoría para las discapacidades más graves de los juegos. El Comité Paralímpico describe a los atletas de esta categoría como «atletas en silla de ruedas que tienen una leve debilidad en los hombros, una capacidad limitada para estirar los codos y mover la muñeca y que no tienen función en los dedos, el tronco o las piernas». En esta categoría, Peter ostenta actualmente el récord mundial de los 200 metros y el de los 400 metros.

«Tuve el récord mundial de los 100 metros durante una semana», se ríe.

Las imágenes de la carrera que ganó Peter en la final de los 100 metros masculinos son una visión fenomenal, testimonio del esfuerzo humano contra las adversidades y de lo que nuestro cuerpo es capaz de hacer a pesar de la discapacidad. Es triste pensar que una lesión por presión casi acaba con sus posibilidades.

«Una llaga por presión puede hacerte fracasar», de repente se pone serio. «Puede hacer que pierdas una competición».

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«En un momento, eres un estudiante sin preocupaciones y, al siguiente, estás en el hospital con el cuello roto».

La discapacidad de Peter surge a raíz de un extraño accidente cuando era un adolescente. «Tenía 16 años», explica. «En ese momento, mis padres estaban reconstruyendo nuestra casa y había un gran estanque en el jardín y pensamos que podríamos convertirlo en una piscina. Era la última semana de las vacaciones de verano, así que la vaciamos, le pusimos un plástico nuevo y empezamos a llenarla con agua subterránea. A la mañana siguiente, me acerqué corriendo y me tiré de cabeza. Resultó que el estanque tenía unos dos metros y medio de profundidad, pero no había agua en él. Me tiré directamente de cabeza, así que golpeé el fondo y me rompí el cuello en el proceso».

Peter permanece tranquilo mientras cuenta la historia, su voz le traiciona un poco por la emoción mientras cuenta el terrible accidente. Sentado en la playa, no muy lejos de Las Palmas, mirando la puesta de sol en el Océano Atlántico, es una experiencia surrealista escucharle describir el accidente en este maravilloso entorno. El impacto de su caída y de la cabeza contra el suelo duro le rompió dos vértebras y lo dejó paralizado del pecho hacia abajo.

«Tu vida cambia por completo», explica. «Eres un estudiante sin preocupaciones y, en un instante, estás en el hospital con el cuello roto. Creo que la fuerza para salir adelante está dentro de nosotros. Todo el mundo la tiene y todo el que sufra un accidente grave trabajará para superarlo, porque es parte de la naturaleza humana. Quieres salir adelante».

Cuando asumió su repentina discapacidad, no pasó mucho tiempo hasta que Peter empezara a explorar las posibilidades de su nueva vida. Apenas unas semanas después de su rehabilitación, ya estaba buscando qué deportes le permitiría practicar su discapacidad. Después de unos años jugando al rugby en silla de ruedas, una lesión fortuita lo llevó a probar suerte en el atletismo en silla de ruedas. En pocos meses, ya estaba compitiendo en el Campeonato de Europa.

«No es algo que se planea» y se encoge de hombros. «Entrenas cada vez más y lo haces cada vez mejor. Y en un momento dado, se te escapa de las manos. No llegas a ese nivel de forma intencionada».

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«Me dan mucho miedo las llagas por presión. En el hospital y en rehabilitación, me mostraron fotos de lo malas que pueden llegar a ser».

Tras cerca de 10 años compitiendo en la élite, existen muchos riesgos para la salud con los que Peter debe tener cuidado. Las lesiones por presión ocupan un lugar destacado en la lista.

«Me dan mucho miedo las llagas por presión», reconoce. En el hospital y en rehabilitación, me mostraron fotos de lo malas que pueden llegar a ser y es algo que no quieres que te ocurra».

Al principio, Peter pensó que la pequeña herida en su espalda era solo un grano. No tardó mucho en darse cuenta de lo peligroso que podía ser.

«Estaba en el coxis. Es el lugar sobre el que siempre estás sentado, así que es un lugar muy peligroso. Pero era muy pequeña, creo que medía dos o tres milímetros de ancho y dos o tres milímetros de profundidad. Era muy pequeña, pero quería asegurarme de que no se hiciera más grande, así que pasé mucho tiempo en la cama. Cuando fui al hospital por primera vez con una llaga por presión, me dijeron que debía conseguir un mejor colchón para mi cama. Me dieron un número de contacto de Arjo, así que los llamé y, creo que en el mismo día, me trajeron un colchón de prueba. Son los colchones que uso desde entonces».

Aunque la herida de Peter se curó rápidamente, el impacto en su régimen de entrenamiento fue significativo. Semanas de reposo en la cama que le impidieron hacer ejercicio y practicar en la pista. No le quedó otra opción que ser paciente y descansar. Peter no quiere ni imaginar las posibles consecuencias que la herida podría haber tenido si se hubiera desarrollado en las semanas previas a los juegos.

«Si hubiera desarrollado una llaga por presión durante los Juegos de Río, no habría podido ganar mi medalla», explica con sinceridad. «No puedes entrenar de forma adecuada. No puedes subir el nivel».

Peter permanecerá en Gran Canaria durante las próximas dos semanas y se pasará los días en la pista, perfeccionando su técnica y manteniendo su impecable nivel de forma física. En este hermoso lugar, tendrá poco tiempo para el ocio.

«Mi próximo gran objetivo es Tokio», dice. «Ya estamos trabajando para conseguirlo. Pero este año también tenemos los campeonatos de Europa y el año que viene tenemos los campeonatos del mundo, donde espero clasificarme para los Juegos Paralímpicos».

Después de tantos años en la cima de su deporte, ¿qué es lo que mantiene a Peter Genyn tan motivado?

«A veces ganas y otras pierdes», sonríe. «Ayuda si te mantienes mentalmente fuerte. Porque si pierdes mentalmente, nunca ganarás la carrera».

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